Trastornos de la lectura

   El trastorno de la lectura se define como un rendimiento sustancialmente por debajo de lo esperado para la edad del niño, el coeficiente de inteligencia y el nivel escolar propio de su edad. El trastorno de la lectura también se conoce comúnmente como dislexia. La capacidad de reconocer palabras se ve disminuida, la lectura es lenta, insegura y de difícil comprensión. Ello no es debido a factores como la baja inteligencia o deficiencias sensoriales. Frecuentemente aparece asociado de otras alteraciones de la expresión escrita, el cálculo o algún otro trastorno de la comunicación.
    Los términos dislexia, alexia o incapacidad lectora son utilizados como sinónimos de trastornos de la lectura. Uno de los problemas con respecto a este trastorno es la variabilidad de respuestas que muestra. Por un lado hay un grupo de niños que pueden comprender una explicación oral pero no un texto escrito con el mismo contenido. Este grupo es el que se llama tradicionalmente como niños con “dislexia”
    Otro grupo es aquel en que los niños tienen dificultades tanto en la lectura como en la comprensión oral de un texto, en este caso nos referimos al grupo de “retraso lector en general”. Por último estaría el grupo de los “hiperléxicos”, son niños que leen correctamente pero no comprenden lo que están leyendo. Éste grupo es menos común y responde a una manifestación patológica de un cuadro más severo.
     CRITERIOS DIAGNÓSTICOS SEGÚN DSM-IV

   El manual psicológico de criterios diagnósticos y estadísticos (DSM-IV) propone que se deben cumplir para diagnosticar el “Trastorno de Lectura” los siguientes criterios:

A) El nivel de lectura, medido individualmente por tests estandarizados de capacidad lectora o comprensión, está
sustancialmente por debajo de lo esperado con relación a la edad cronológica, a la inteligencia medida y a la educación apropiada para la edad.

B) El problema del criterio A interfiere significativamente con el rendimiento académico o las actividades diarias que requieran habilidades lectoras.

C) Si existe un déficit sensorial, las dificultades para la lectura son superiores a las que habitualmente van asociadas con dicho déficit.

¿ CON QUÉ ALTERACIONES PUEDE RELACIONARSE?

     La dislexia actualmente se relaciona con varias alteraciones . Una de ellas sería una mala lateralización del niño durante del desarrollo o por tener una lateralidad cruzada a causa de ser zurdo. Ésto no quiere que decir que todos los niños zurdos presenten en algún momento una dislexia o trastorno de la lectura, pero sí puede aparecer en mayor porcentaje que entre la población normal. 
     La dislexia también se ha asociado a menudo con dificultades en el movimiento psicomotor o psicomotricidad. Pueden tener dificultades en el mantenimiento del equilibrio, conocimiento del esquema corporal o el establecimiento de puntos de referencia para localizar los objetos.
     Por otro lado éstos niños suelen tener muy a menudo alteraciones perceptivas. Pueden tener problemas en reconocer los conceptos de: arriba/abajo, derecha/izquierda, delante/detrás, presentando dificultades en su adquisición y teniendo fallos al transferirlos a un plano más amplio. Cuando el niño presenta éstas dificultades perceptivas, probablemente tendrá fallos en la lectura de letras similares pero en distintas posiciones, como por ejemplo : p/q, p/b, etc.
     Otra de las alteraciones con las que se relaciona la dislexia son las alteraciones del lenguaje. Entre ellas pueden aparecer dislalias o dificultades en la articulación de los fonemas, pobreza de vocabulario, mala colocación de sílabas, mal uso de formas verbales y mal empleo de conceptos verbales.

Alteraciones con predominio viso- espacial– Escritura en espejo
– Confusiones e inversiones al escribir
– Torpeza motriz
– Disgrafía

Alteraciones verbales y del ritmo Dificultades en articulación de fonemas
– Pobreza de vocabulario expresivo
– Poca fluidez verbal
– Dificultades para redactar

DISLEXIA Y TDAH

     Es importante resaltar la alta relación que existe entre la dislexia y el TDAH. Los estudios recientes muestran que entre un 30-35% de los niños con dislexia presentan también TDAH. Muchos niños con TDAH presentan, como característica asociada al trastorno, dificultades de aprendizaje, dentro de las cuales las que se refieren a la lectura ocupan un lugar destacado. Durante el proceso de decodificación de signos, éstos niños cometen con frecuencia errores en la anticipación, omisión y sustitución de letras o palabras.
     Podemos observar una alta coincidencia con los errores que se cometen en la dislexia visual o perceptiva. A pesar de que los errores entre TDAH y dislexia son similares, no siempre son iguales y su explicación causal tampoco es la misma.

¿Cómo diferenciar entre dislexia y TDAH?

     Los niños con dislexia suelen tener fallos cuando se les somete a una prueba de lectura de palabras, pero también fallan en la lectura de oraciones y de textos. Los niños con TDAH en cambio, cometen errores en la prueba de lectura de textos, pero no fallan en lectura de oraciones ni de palabras. 
     La diferencia fundamental entre dislexia y TDAH, es que mientras que en la dislexia perceptiva el niño tiene dificultades para leer porque tienen poco uso en el acceso a la ruta léxica impidiendo la recuperación del significado que está conectado con la representación interna de la palabra, en el TDAH las dificultades son principalmente atencionales y de concentración. Por eso, los niños con TDAH no cometen errores en la lectura de palabras ni frases, ya que éstos estímulos no requieren un tiempo de atención elevado, mientras que en la lectura de textos se requiere una atención más sostenida y prolongada en el tiempo lo que hace que estos niños no lleguen a procesarlo ni a comprenderlo globalmente, ya que la atención oscila y no llegan a permanecer atentos el tiempo que se requiere para su correcta comprensión. Además se produce un empobrecimiento del rendimiento con el paso del tiempo ya que aparece el efecto fatiga y se van sumando los errores con el paso del tiempo.

TRATAMIENTO TDAH Y DISLEXIA

Al tratarse de dos trastornos diferentes, los afectados no tienen exactamente las mismas necesidades. No obstante aunque hay herramientas que pueden ayudar en las dificultades comunes, siempre es mejor usar una específica para cada trastorno.

La dislexia requiere de un abordaje orientado a mejorar las habilidades fonológicas mediante técnicas de base cognitiva. Por tanto, parece a primera vista que los estimulantes no van a mejorar las habilidades lectoras. Algunos trabajos han sugerido un efecto beneficios del piracetam para la dislexia.

Si bien no existe ningún estudio que aporte datos consistentes sobre las mejoras de las habilidades lectoras con el metilfenidato, no cabe duda que la mayor receptividad ante la intervención rehabilitadora y la mejor disponibilidad para el trabajo escolar que puede aportar el metilfenidato, por lo menos indirectamente, pueda  ser beneficioso para el aprendizaje lector. Por tanto, la coexistencia de dislexia y TDAH debe ser contemplada como un argumento en favor del uso del metilfenidato.

El papel más importante que tiene que cumplir los padres con niños disléxicos y afectados de TDAH quizás sea el de apoyo emocional y social. Explicarles en qué consisten los trastornos y no juzgarle por los resultados académicos, si no por los esfuerzos. Irónicamente son a veces  los padres que han tenido dificultades similares y que han sufrido mucho en la escuela son los que tienden a ejercer una presión mayor.

Es fundamental que los padres se informen de como se debe actuar dentro del aula con estos niños, en el aula se pueden dar las siguientes sugerencias específicas:

 

  • Establezca criterios para su trabajo en términos concretos que él pueda entender.
  • Dele atención individualizada siempre que sea posible.
  • Asegurase de que entiende las tareas, pues  a menudo no las comprenderá. Divida las lecciones en partes y compruebe paso a paso que las entiende.
  • La información nueva debe repetírsela más de una vez debido a su problema de distracción, memoria a corto plazo  y a veces escasa capacidad de atención.
  • Necesitar ayuda para relacionar los conceptos nuevos con la experiencia previa.
  • Evitar la corrección sistemática de todos los errores en su escritura. Hacerle notar aquel sobre el que esta trabajando en cada momento.
  • Si es posible hacerle exámenes orales, evitando dificultades que le suponen su mala lectura, escritura y capacidad organizativa.
  • Es fundamental hacer observaciones positivas sobre su trabajo.
  • Permitirle aprender de la manera que le sea posible, con los instrumentos alternativos a la lectura y escritura que están a nuestro alcance: calculadora, magnetófonos, tabla de datos…

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EJERCICIOS PARA MEJORAR LA FLUIDEZ LECTORA

  • Ejercicio nº1. Lectura por sílabas en voz alta cronometrando el tiempo que tarda. Después las leemos nosotros también en voz alta y le pedimos que esté atento para que reconozca los fallos. Después las leemos junto con el niño, intercalando una palabra cada uno. Por último el niño realiza solo el ejercicio intentando superar el tiempo anterior.

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Ejercicio nº2. Seguimos el mismo procedimiento anterior pero con las palabras completas. Primero el niño/a, luego nosotros, después alternando, y por último el niño intentando superar el tiempo de lectura primero.

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LECTURA ENTONADA (MEJORA LA PROSODIA)

  • La prosodia es el ritmo o entonación adecuada que debemos dar a las palabras para que sean comprendidas y fluidas. Éstas tareas deben practicarse dos o tres veces a la semana para mejorar la comprensión. 
  • El procedimiento a seguir es el siguiente: cogemos cualquier texto y vamos leyendo por frases hasta el punto. Una vez que el niño ha leído la frase, el adulto la vuelve a leer pero en este caso entonándola exageradamente. Posteriormente le pedimos al niño que lea la/s frases con la misma entonación con la que la hemos leído nosotros. También podemos utilizar textos en diálogo o textos teatrales para realzar la prosodia.

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EL ASNO Y EL HIELO
Era invierno, hacía mucho frío y todos los caminos
estaban helados. El asno, que estaba cansado, no se
encontraba con ganas para caminar hasta el establo.
—iEa, aquí me quedo, ya no quiero andar más—se dijo, dejándose
caer al suelo.
Un hambriento gorrioncillo fue a posarse cerca de su oreja y le dijo;
—Asno, buen amigo, ten cuidado; no estás en el camino, sino en un
lago helado.
—¡Déjame, tengo sueño! Y con un largo bostezo, se quedó dormido.
Poco a poco, el calor de su cuerpo comenzó a fundir el hielo hasta
que, de pronto, se rompió con un gran chasquido.
El asno despertó al caer al agua y empezó a pedir socorro, pero nadie
pudo ayudarlo, aunque el gorrión quiso, pero no pudo.

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