La pérdida de un hijo recién nacido, ¿cómo nos afecta?

Muchas personas han sufrido o han pasado por la pérdida de un hijo que está a punto de nacer o que tiene escasos momentos de vida. Generalmente la mayoría intenta actuar de una forma natural para sobrellevar dicha pérdida aunque lo cierto es que debemos tener en cuenta que si el proceso de duelo no se elabora adecuadamente, a la larga podremos sufrir una serie de consecuencias que deberán ser tratadas.

La pérdida de un hijo recién nacido o que está a punto de nacer es algo que suele afectar a todo el mundo en mayor o menor medida. Desde el momento en que a unos padres se les notifica que van a tener un bebé, comienzan automáticamente a imaginar cómo será este, a quién se parecerá, si será niño o niña, qué nombre le pondrán, y un sin fin más de expectativas que hacen nos permiten hacernos una idea de esta nueva etapa que está por llegar.

Hay numerosas causas que pueden provocar la muerte de un bebé en periodo de gestación o que acaba de nacer y esto es algo para lo que no estamos preparados a aceptar de manera natural. Tradicionalmente, se ha mantenido la idea de que es la madre la que sufre las alteraciones emocionales producidas por dicha pérdida ya que es quien alberga en su cuerpo dicha esperanza. No obstante, también existen numerosos casos de padres los cuales no logran superar de manera existosa la pérdida de este hijo/a.

Ante la muerte de un bebé, los padres muestran diferentes reacciones que les ayuda a protegerse del dolor que provoca dicha pérdida: negación del fallecimiento, negar el significado de la pérdida (quitar importancia), negar que la muerte es irreversible (p.ej. creer en otra vida) o practicar el olvido selectivo, quedándonos solo con aquellos aspectos que hacen que nuestra historia sea menos dolorosa.

Para poder realizar una adecuada elaboración de la pérdida de un hijo, es necesario acudir a un profesional que nos guíe, y más cuando vemos que a medida que pasan los meses no logramos superar el dolor que nos produjo dicha pérdida. Por tanto, la terapia irá encaminada a aceptar, asimilar y  así superar la pérdida hasta dejarla integrada en nosotros mismos con mayor naturalidad, sin que nos siga provocando tanto dolor.

Los puntos centrales sobre los que se basa la terapia para aceptar la pérdida de un hijo son los siguientes

 1. Poder aceptar la realidad de la pérdida: 

Esto significa poder ser totalmente conscientes de qué fue lo que produjo la pérdida, sin tener que excusarnos, culparnos, justificarnos o negar una realidad que hizo que eso ocurriera. 

2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida:

Esta tarea no es fácil, si no disponemos de un profesional que nos ayude. Las emociones que nos provocan la pérdida en muchas ocasiones son censuradas e intentamos suprimirlas mediante el olvido. El no aceptar nos lleva a una situación de perpetuación del dolor, y donde si no ponemos remedio podemos sufrir otro tipo de patologías o enfermedades psicosomáticas (dolores, jaquecas, etc.) derivadas de la depresión y ansiedad.

3. Recolocar la figura del fallecido y lograr vivir en un medio en el que no está presente:

Siendo más conscientes de todo, será más fácil poder recolocar la figura del fallecido, dejando que ocupe el rol que este desempeñaba (hijo mayor, hijo pequeño, etc). Una vez logremos esto, nos permitiremos a nosotros mismos el vivir en un medio en el que este/a ya no está, pero con la tranquilidad de que hemos trabajado todo de manera adecuada para que no nos siga perturbando y seguir continuando hacia adelante.

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